La sospechosa muerte de Maribarbola Lugo.
¿Cómo se había producido la muerte de Maribarbola Lugo?, ¿era posible que una muchacha tan joven y bella hubiera terminado su vida de la manera tan cruel y desventajosa como lo hizo?, ¿era acaso una vuelta en el tiempo (20 años atrás) del mismo crimen?
El teléfono celular sonó con su acostumbrado timbre ingles pre programado en una noche cerrada, bajo una tormenta de nubes que desprendían una, diabólica e inusual, lluvia torrencial llena de múltiples relámpagos nunca vistos sobre la ciudad de Caracas. Tome el teléfono y pude ver el numero del comisario Rausseo. Atendí:
- Tenemos un cadáver. La dirección es…
Apunte los datos y salí de inmediato hacia el metro. En el trayecto desde mi pequeño y minúsculo apartamento hasta la estación subterránea tropecé con 15 recogelatas, 7 mujeres embarazas mendigando para poder comer o fumar crack y 3 niños “engomados” revolcándose por los efectos de la pega Hércules para zapatos. Al ingresar al subterráneo me di cuenta que no tenia boleto, cosa que era común en mi situación económica haciéndome trabajar como buhonero en la Av. Ppl. del Cementerio para poder rebuscarme. Saque mi placa, cruce el torniquete y me abrí paso entre la gente hacia un destino que empezaba a enturbiarse, como si grandes fuerzas del averno hubiesen sido desatadas con una furia sobrenatural…
Al salir de la estación Palo Verde, un par de choros intentaron arrebatarme el celular y haciendo dominio de mis reflejos, logre esquivarlos para meterle el pie a uno de ellos que cayo estrepitosamente mientras le mentaba la madre y al mismo tiempo reírme de su ropa de marca toda mojada. Camine 10 min. hacia un edificio verde de 20 pisos, esos que los arquitectos llaman “vivienda barata en un lugar privilegiado de Caracas” y pude observar que realmente había que tener un privilegio porque tuve que darle todo el sencillo a varios malandros cobradores de peaje apostados en la cercanía de la urbanización. Una vez franqueada la puerta del edificio, el comisario Rausseo me esperaba con su habitual impaciencia.
- El cadáver presenta circunstancias especiales. – dijo.
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Me pregunte a que llamaba él “circunstancias especiales”. El comisario sabia que yo era su mejor hombre y por eso, siempre que podía, le hacia desplantes ante los demás funcionarios. Me reí de manera irónica y pude notar que el comisario ya no era aquel joven audaz de las fotos de su escritorio. Quizás el consumo de altas dosis de cocaína y la pepas de Rivotril que solía engullir con su café, lo habían convertido en un muñeco que saltaba de la lucidez histriónica al mas bajo estado mental en el cual solía babearse, mientras su mirada vidriosa, quizás recordaba viejos momentos.
Le di un manotazo en la espalda y tuve la certeza de que quiso devolverme el golpe en la nariz pero se dio cuenta de que tenía 10 min. viendo el cadáver, así como no tenia idea de cómo habíamos subido hasta el PH, ni que teníamos 3 vecinas (típicas viejas chismosas jubiladas de algún ente publico del gobierno) cotorreando sobre su vecina suicida, ni que en la escena del crimen habían unos extraños indicios…
Me acerque al cadáver y me situé a 2 pasos de la victima, me quite las gafas oscuras (a pesar que era de noche debía usarlas para evitar que las personas pusieran cara de desagrado ante mi implante ocular que consistía en una pequeña caja negra 2×2x2 cm. contentiva de un lente color azul brillante) y pude detallar que era una mujer muy hermosa a pesar de tener la boca abierta sangrando, a la cual le faltaban los 2 caninos superiores, arrancados quizás en vida; 2 cortes circulares en los senos y una herida que consistía en 3 diagonales como si la garra de un animal hubiese destripado el abdomen de la infortunada mujer. El cuerpo en general yacía crucificado en la pared del cuarto principal y en su vagina habían insertado un consolador de plástico barato. ¿Qué había sucedido aquí? La respuesta era evidente, esto era un cruel y alucinante asesinato. Claro que el comisario Rausseo pensaba (o eso creía su cerebro agotado de estimulantes) de que todo había sido un suicidio.
Orgulloso me mostró una nota encontrada en la cama de la difunta, en la cual se aclaraba que había decidido suicidarse porque los hombres no la complacían eficazmente. Le arrebate el papel de manera agresiva y los ojos del comisario centellaron con furia, pero se tranquilizo al constatar que no lo hice esta vez por provocar, sino por mis instintos naturales de perro sabueso, loco por saber mas… Aquello parecía corroborar que todo era una añagaza para tratar de despistarnos
- ¿Crees que fue un suicidio? – pregunto el comisario.
Un frío recorrió mis testículos y fui yo quien lo miro directo a los ojos con mi implante de manera furiosa y criminal. El comisario bajo la mirada y ordeno con voz ronca que levantaran el cadáver.
- Será que lo bajen. – replique con sonrisa sardónica.
El comisario salió de la habitación, en un esfuerzo supremo por no darme una bofetada, se saco los guantes quirúrgicos y los lanzo al piso con evidente desprecio hacia mí. Tome uno de esos guantes y los llene con un poco de sangre de la victima, amarrándolo con una liga de hallaquita (la cual guarde en uno de mis bolsillos antes de salir de mi apartamento para poder cenar) y al instante me di cuenta que la noche iba a ser muy larga…
Al salir de la habitación, el comisario interrogaba a una de las 3 vecinas.
- Esa muchacha era muy tranquila. Estaba todo el día en su casa excepto los fines de semana que salía, y no volvía hasta el lunes. Era muy visitada sobre todo por hombres. Lo que no me explico era que siendo de origen tan humilde; sus padres, hermanos tíos y primos vivían en Petare, podía tener un PH tan lujoso.
- ¿Dice usted que no venia en todo el fin de semana? – Interrogo el comisario.
- Si, y era extraño porque siempre llegaba con cara de trasnocho como la que tienen los vigilantes del edificio…
En ese momento, un grito desgarrador rompió con el murmullo que reinaba en toda la estancia. El sonoro aviso provenía de la habitación principal y, como lanzado por un resorte, fui el primero en ver que sucedía. Realmente no fue muy agradable lo que alcance a mirar…
En el próximo capitulo (#2): La 1ª pista