Caracas el valle del silicone

La 1ª pista. (Cap.# 2) | Feb 19th 2009

guerreros El cadáver yacía en el piso a mi izquierda… y a mi derecha una de las viejas chismosas estaba montada sobre una mesita al lado de la cama matrimonial que quizás, como empezaba a sospechar, había sido testigo de muchas noches y días de lujuriosos… placeres carnales que se evaporaron bajo la mirada complaciente de una replica kitsch de “Los Borrachos” de Velásquez.
Mi primera reacción fue reclamarle a la vieja que demonios hacia revisando las gavetas de la mesita, cuando al instante me di cuenta que el cadáver hacia unos ligeros movimientos llegando a pensar que se trataba de los efectos del rigor mortis. Pero una vez mas la sorpresa, con sus múltiples y desconcertantes caminos, me llevo a ponerme en guardia. Haciendo gala de mi mas osado valor, levante un poco el cadáver y en fracciones de segundos, una serpiente de color amarillento intento clavar sus feroces dientecillos en mi antebrazo. Con uno de mis movimientos felinos logre evadirla dando paso a un duelo que se prolongo por espacio de 5 min. Claro esta, que entre los gritos de la vieja implorando que la matara y la gallera que se había formado entre los funcionarios, cada uno haciendo apuestas con billete en mano, logre sujetarla por la cabeza y aplicarle un toque con el dedo pulgar en la base del cráneo, dejando sin movimientos al reptil perfectamente entrenado.

Tome un frasco de Jean-Naté, vacié el contenido en la alfombra e introduje al peligroso animal, esperando que el efecto del pachulí hiciese mas prolongado su letargo. Entre las maldiciones de los perdedores y el fuerte olor de la fragancia añeja, observe que aquel ofidio era una “Tigra Mariposa” (Bothrops venezuelensis) conocida por su potente veneno y por sus recurrentes apariciones en el Avila. ¿Qué clase de sádico impotente había introducido una serpiente por el ano de aquella infortunada mujer?, ¿era aquello una pista que el asesino dejo deliberadamente?, ¿Qué oscuros y herméticos planes maniobraron para cometer tan infame crimen?

Se inició en mi aquel antiguo proceso de relacionar los hechos y de enlazar las primeras imágenes que venían a mi confusa y destrozada mente, cuando sentí un manotazo en la espalda que me saco de mis tribulaciones. Era el hijo de puta comisario que reía con sus asquerosos dientes amarillentos producto de tanto mascar chímo.

- Bien hecho, muchacho

- Gracias jefe

Con asombrosa rapidez, coloque en una bolsa de evidencias el guante con la sangre, el falo plástico y la serpiente. Luego, espere un descuido del comisario y le introduje la bolsa en uno de los bolsillos de su gabardina con una nota dirigida al laboratorio indicándoles las experticias que se le debían practicar a cada uno de los extraños objetos.

Salí de la habitación pensativo, tropezando con los forenses, policías asomados, vecinos en pijamas y toda clase de rostros sin expresiones que mi cerebro confuso y aturdido podía llegar a percibir. Revise los bolsillos de mi chaqueta y saque un paquete de cigarrillos Piel Roja, lo encendí con parsimonia constatando que una nube de zancudos se disperso ante el desagradable olor que produjo el tabaco negro. En un milisegundo, esquive un manotazo con un ligero movimiento de cadera.

- Solo una vez, jefe. Solo una vez…

La situación provoco la risa de algunos presentes y el comisario tratando de contener su odio, me pregunto si lo podía acompañar a la sede principal de la policía.

- No, jefe. Debo caminar un rato, ha sido una noche muy larga y pesada. Quiero descansar un poco mis pensamientos

Con un movimiento elástico, me dirigí al pasillo y tome el ascensor. En la entrada, como vaina rara, el vigilante yacía babeado boca arriba en su silla y con la escopeta en una situación peligrosa. El aire de la noche refrescó mis pulmones con ese olor típico a lluvia y emprendí la caminata hasta el Metro. Al llegar, la estación estaba cerrada porque se había inundado por el palo de agua, maldije las momias de Palenque y entonces decidí caminar hasta la Redoma de Petare.

Entre calles mal iluminadas, jíbaros engorilaos y adolescentes prostituyéndose, pensaba: ¿Qué significado tendría esa serpiente?, ¿Qué ritos diabólicos estarían motivados por ese extraño fetiche?

¡Que imbécil era!, la serpiente que había encontrado era el símbolo de una muy peculiar organización conocida como la S.S.S. (La sociedad de la serpiente Sagrada) y su sede estaba ubicada en una de las universidades más prestigiosas del país: La U.C.V. (Universidad central de Venezuela), ocultándose tras la fachada de un grupo cultural anomalístico-musical.

Corrí los 200 mts. que me separaban de la estación subterránea bajo una lluvia de golpes, escupitajos y zancadillas que los buhoneros me propinaban pensando que era uno de los tantos arrebatadores de carteras que pululaban en la zona. Después de varias caídas, gritos de: ¡agárrenlo! y palazos en el cráneo, me zambullí por la ventanilla del primer taxi que logre divisar. El pobre conductor al ver la turba de vendedores ambulantes enardecidos y la cacha de mi automática asomándose por la chaqueta, solo se limito a arrancar de manera furiosa por la Av. Francisco de Miranda.

Pasado el susto, le dije que se calmara pues era funcionario policial, pero por la forma como pelo los ojos, asumí que eso lo puso más nervioso. Le indique la dirección y me acomode en el mullido asiento, tratando de hilvanar que relación podía tener esa sociedad secreta con la muerte de la infortunada meretriz

En el próximo capitulo (#3): Contacto


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